Los probióticos emergen como una nueva estrategia para mejorar el control de la hipertensión arterial
Un estudio publicado en la revista Gut Microbes, señala a la microbiota intestinal como una nueva diana terapéutica para potenciar la eficacia de los tratamientos antihipertensivos
Investigadores del grupo de Farmacología Cardiovascular del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) han demostrado en un estudio preclínico que un probiótico puede potenciar el efecto de uno de los tratamientos más utilizados contra la hipertensión arterial sin aumentar sus efectos adversos. Este hallazgo abre nuevas vías para el desarrollo de estrategias terapéuticas complementarias que ayuden a mejorar el control de esta enfermedad, especialmente en los casos más difíciles de tratar.
La hipertensión arterial sigue siendo uno de los principales problemas de salud pública en todo el mundo. Es el factor de riesgo más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares, como el infarto o el ictus. Aunque existen distintos medicamentos para tratarla, no siempre resulta fácil mantener la presión arterial en niveles adecuados. De hecho, hay pacientes que no logran controlarla bien ni siquiera cuando reciben varios fármacos al mismo tiempo.
En los últimos años, la ciencia ha empezado a prestar cada vez más atención a la microbiota intestinal, es decir, al conjunto de microorganismos que viven de forma natural en nuestro intestino. Se sabe que estos microorganismos influyen en muchos procesos del organismo, incluida la inflamación, el metabolismo y la salud vascular. También se ha visto que, en personas con hipertensión, la microbiota intestinal puede estar alterada.
A partir de esta idea, el equipo investigador analizó si el probiótico Limosilactobacillus fermentum (LC40) podía mejorar la respuesta a la hidroclorotiazida (HCTZ), un diurético muy utilizado para tratar la hipertensión. En el estudio participaron también investigadores de la Universidad de Granada, la Universidad de Münster (Alemania), el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), el Centro de Investigaciones Biomédicas y la empresa Biosearch Life.
El trabajo se llevó a cabo en ratas espontáneamente hipertensas, un modelo experimental ampliamente utilizado para estudiar esta enfermedad. Los resultados muestran que la combinación del probiótico con la hidroclorotiazida consiguió una mejor reducción de la presión arterial que el tratamiento farmacológico por sí solo. Además, mejoró la función de los vasos sanguíneos, algo fundamental para mantener una buena salud cardiovascular.
Uno de los resultados más relevantes es que el probiótico no aumentó los efectos adversos del fármaco. En concreto, no modificó sus niveles en sangre ni empeoró los desequilibrios electrolíticos que este tipo de tratamiento puede producir. Esto sugiere que su beneficio no se debe a que aumente la cantidad de medicamento en el organismo, sino a que actúa por otras vías complementarias.
El estudio también observó que esta estrategia ayudaba a restaurar alteraciones de la microbiota intestinal asociadas a la hipertensión. En los animales tratados disminuyeron algunas bacterias potencialmente perjudiciales y aumentaron microorganismos capaces de generar compuestos beneficiosos, como el acetato, relacionado con efectos protectores sobre el intestino y el sistema cardiovascular.
Junto a estos cambios en la microbiota, los investigadores detectaron una reducción de la inflamación intestinal, de la endotoxemia y de la neuroinflamación. También observaron una menor actividad simpática —una respuesta del sistema nervioso que suele estar aumentada en la hipertensión— y una disminución del estrés oxidativo vascular, un proceso que favorece el daño de los vasos sanguíneos.
Además, el trabajo apunta a un posible efecto beneficioso sobre el sistema inmunitario. En concreto, se observó un aumento de las células T reguladoras, que ayudan a frenar respuestas inflamatorias excesivas. En conjunto, los resultados indican que el probiótico no actúa solo en un punto concreto, sino que contribuye a mejorar varios mecanismos implicados en la hipertensión.
Otro dato importante es que estos efectos dependieron de la microbiota intestinal, ya que pudieron reproducirse mediante trasplante de microbiota fecal. Esto refuerza la idea de que las bacterias intestinales no son un factor secundario, sino que pueden influir directamente en cómo responde el organismo a determinados tratamientos.
“Estos resultados nos indican que la microbiota intestinal puede convertirse en una aliada para mejorar el tratamiento de la hipertensión. Hemos visto que un probiótico es capaz de reforzar la acción de un fármaco muy utilizado sin aumentar sus efectos adversos, lo que abre una línea de trabajo prometedora para los pacientes con peor control de la presión arterial”, señala el Dr. Juan Duarte, investigador principal del grupo MP02 Farmacología Cardiovascular del ibs.GRANADA, catedrático de la Universidad de Granada y principal autor de este estudio.
En conjunto, el estudio aporta una primera evidencia de que los probióticos podrían mejorar la eficacia de un fármaco antihipertensivo sin incrementar sus efectos no deseados. Los investigadores destacan, no obstante, que se trata de un estudio preclínico. Por tanto, será necesario confirmar estos resultados en pacientes antes de que esta estrategia pueda trasladarse a la práctica clínica.
La investigación ha sido financiada por la Agencia Estatal de Investigación (AEI), el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN), la Junta de Andalucía con fondos europeos y el Instituto de Salud Carlos III.
Referencia bibliográfica:
González-Correa C, Miñano S, Moleón J, Toral M, Robles-Vera I, Sánchez M, Jiménez R, Olivares M, Martín-Morales N, O’Valle F, Guerra-Hernández E, Romero M, Gómez-Guzmán M, Duarte J. The probiotic Limosilactobacillus fermentum CECT5716 enhances the antihypertensive response to hydrochlorothiazide in spontaneously hypertensive rats. Gut Microbes. 2025 Dec 31;17(1):2586324. Doi: 10.1080/19490976.2025.2586324. Epub 2025 Nov 18. PMID: 41254951; PMCID: PMC12645898.
Sobre el grupo:
El grupo MP02-Farmacología Cardiovascular del ibs.GRANADA, liderado por el Dr. Juan Manuel Duarte, investiga los mecanismos implicados en la hipertensión arterial, con especial atención al papel del sistema inmune en la disfunción endotelial y a la influencia de la microbiota intestinal en el control de la presión arterial. Su trabajo combina investigación básica y aplicada, y se desarrolla en colaboración con el Hospital Universitario Virgen de las Nieves y con empresas y centros vinculados al desarrollo de alimentos funcionales e innovación en salud.
Más información: https://www.ibsgranada.es/grupos-de-investigacion/mp02-farmacologia-cardiovascular/